Keep Walking

Soy peatón; es mi condición más natural. Con el pasar de los años, mientras todo el mundo se fue motorizando gradualmente, yo seguí caminando. En alguna ocasión, obtuve mi licencia de conducir. La cargué durante años en mi billetera después de haber caducado, tan irrelevante entonces como cuando estaba vigente. Supongo que mi condición de peatón se deriva de mi tendencia hacia la contemplación: quien camina, sabe que no hay mejor compañía que sus pensamientos.
En el transcurso de los años, he caminado por las calles de las ciudades más diversas, avanzando entre la nieve, la lluvia y las hojas secas de acuerdo a lo que ofrece cada estación. Entre las grietas, los andenes y los postes han quedado registrados algunos de mis recuerdos más preciados. A través del tiempo, los he venido cultivando durante aquellas ocasiones en las que retomo mis pasos por las viejas calles. De esta manera, estos recuerdos han venido experimentando una especie de metamorfosis, fusionándose con nuevos recuerdos que se van acumulando entre los nombres de las calles, las puertas y los árboles. Podría mencionar la esquina en la que está grabado un abrazo de despedida que recibí de un amigo; el montículo sobre la calle creado por las raíces de un árbol que utilizaba como rampa para saltar en bicicleta de niño; y el olor a pavimento húmedo que emana de cierto callejón, por mencionar algunos.
La extensión natural de todo peatón, por supuesto, es el transporte público. En este sentido, no cabe duda que la experiencia de montar en los buses bogotanos es inigualable. La estética de burdel ambulante con la que algunos de ellos son decorados no la he visto replicada en ningún otro sitio. Como anotaba alguna vez un buen amigo, Bogotá es tal vez la única ciudad del mundo en la que uno puede tomar un bus con destino a "Egipto", "Florencia", "Palermo", "Iberia", "Roma", "Caracas" y "Germania", por mencionar unos pocos. Los trayectos en estos buses me han brindado tantos recuerdos como las caminatas. En ellos he oído las historias más fantásticas, las más tristes y las más tenebrosas. También he sido testigo de robos, argumentos y depravaciones. Ante todo, sin embargo, he visto talento; talento que se presenta como un bricolage de imaginación, necesidad, espíritu y pasión ante los ojos letárgicos de los pasajeros citadinos.
En honor a estos mementos urbanos, recientemente he adoptado la famosa frase de Johnnie, la cual repito como un mantra, celebrándola en los trayectos más etílicos de la noche: "keep walking, keep walking..."

caminar, perderse y encontrarse es la única forma de conocer realmente una ciudad.
keep walking.....just keep walking...
... and dream on...
me gustan las cosas que dices en tu blog y como las dices...
keep walking...
Escribes muy bien, un poco de vagabundo y poeta a la vez.
Sigue caminando es un arte perdido.